Hace varios días, un posible nuevo cliente al que había ido a visitar para hablar de su proyecto, me propuso dar alguna charla a sus alumnos del master sobre dirección de empresas de la UIB. Durante la conversación también me dijo que, por lo que contaba y la forma de expresarme, parecía un profesor de master (!).
Esta semana, otros clientes me invitaron a unirme a una reunión de su grupo de trabajo formado por personas de diferentes disciplinas: sanidad, turismo, interior, medioambiente, calidad.... Yo estaba allí como asesor tecnológico, podríamos decir, para resolver ciertos aspectos prácticos relacionados con el web e Internet que son necesarios para su proyecto. Más tarde, durante la comida, uno de los integrantes del grupo, profesor de la UOC, me comentó que le había gustado mucho mi explicación, que le había parecido muy clara y didáctica.
En ambas ocasiones me sentí alagado y satisfecho. ¿Quizá debería dedicarme a la docencia, no? Es broma, pero la verdad es que disfruto de explicar estos temas a otras personas (y que lo entiendan, claro). Es una de las mejores cosas que tiene mi trabajo.

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