The Wave Pictures y el colmo del fotógrafo digital

thewavepictures-2163El miércoles 25 de noviembre último había fiesta en Lloseta: volvían a visitar la isla The Wave Pictures esta vez teloneados por Stanley Brinks a.k.a. André Herman Dune junto a una chica de nombre ¿Freschard? en un proyecto de tan horrendo nombre (The Rock'n'roll Shit) como prescindible fue su actuación, aburrida hasta decir basta y de la que parece que se contagiaron los jovencitos ingleses que no lograron alcanzaran ni el nivel ni el climax de su memorable actuación de hace algunos meses sobre el mismo escenario. Aunque en aquella ocasión además fuera ante un público más numeroso al que se ganaron en un plis plas con mucho desparpajo y actitud y por supuesto buenas canciones.

Estrenaban su segundo largo If you leave it alone del que después de escucharlo (aunque admito que no concienzudamente), pues como no podía ser de otro modo compré una copia, puedo decir que sin ánimo de desmerecer al primero éste es bastante más pausado que el anterior y sí, más aburrido también que el sorprendente por fresco y amateur (léase Lo-Fi) Instant Coffe Baby. Con todo y en descarga del grupo, he de decir que el miércoles se presentaron en Mallorca en un estado de cansancio físico patente, pues habían perdido su vuelo y tenido que viajar haciendo escala en Barcelona y sin apenas tiempo para descansar y probar sonido.

¿Y cual es el colmo del fotógrafo digital? Pues quedarse sin batería y tener que mendigar entre los compañeros. De hecho la sesión de fotos que publico en este apunte se la debéis agradecer a Sandra Almazán, estupenda fotógrafa habitual de este tipo de acontecimientos, la cual amablemente me prestó la batería de su cámara durante un buen rato (¡muchas gracias amiga, eres un sol!). Y lo peor es que yo siempre llevo una batería de repuesto cargada por si acaso, pero hacía tanto tiempo que no cogía la cámara que las dos estaban totalmente exhaustas.

Pero seguro que quieres ver las fotos así que me callo ya.

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¿Y ahora qué?

No sé. Estoy harto de la pobre señal/ruido de twitter y asimilados, verdadero verdugo de no pocos blogs: lo llaman microbloging pero a mí me parece más real y adecuado denominarlos fastblogging (expresado con la misma intención que la que usaría para el término fastfood).

Si hablamos de música y músicos, de industria discográfica, de alta fidelidad y de nosotros mismos los consumidores, como hacía en el tan lejano marzo de 2008 (aquí y aquí), la pregunta ¿y ahora qué? va del fin de una época, significa que el disco compacto (el dvd no cuenta) es y será el último soporte físico para la música que conoceremos. Adiós. Y lo peor no será dejar de comprar un producto tangible, algo que podíamos coleccionar y sobre el que podíamos escribir una nota que ataría para siempre algún recuerdo o una persona a esa obra y a ese momento, no, lo peor es que ahora quizá no nos quede otra opción que acostumbrarnos a una experiencia musical incompleta, mermada, como de juguete... hemos vuelto a la radio de onda media, ahora que conocíamos la frecuencia modulada, nos hemos dejado engañar (de nuevo) y supuestamente disfrutamos de la música que escuchamos, una música enlatada de inferior calidad a la de la década anterior. ¿Evolución? No, sinceramente no lo creo.

Bien, ya hemos desalojado nuestras estanterías de los pesados vinilos y compact discs, escuchamos exclusivamente música digital que por supuesto no adquirimos salvo casos de fierza mayor, la descargamos con esa falsa media sonrisa igual de gratuita que la música que hemos bajado y la reproducimos en un reproductor portátil que no cuesta más de 200 € o en el computador o la pasamos a un cd o dvd regrabable y lo ponemos en la bandeja de un reproductor en el que hemos invertido poco más de lo que nos costó nuestro flamante walkman digital. Sobre el resto del equipo de audio mejor ni hablar al igual que sobre las condiciones acústicas de la sala (¿qué es eso?). La sonrisa nos sienta bien en la cara de tonto que se nos ha quedado: ahora ya nos conformamos con un mp3 cutre (¡pero gratis!) codificado a 160 ó 192 kbps qué-suena-de-muerte, ¿y de verdad te gusta la música?

A pesar de todo estamos de enhorabuena porque ahora tenemos Spotify, que desde luego como emisora de radio a la carta para los tiempos que corren está más que bien pero que no deja de ser música enlatada de calidad paupérrima. Y nosotros felices: lo que no se escucha no existe. Y menos mal (esta vez sin ironía) que también existe Bandcamp, una plataforma de publicación de música con opción para formatos de audio digital de calidad orientada a músicos.

Yo reivindico que se destierre ya el formato mp3 y cualquier otro tipo de codificación con pérdida, que la industria (los fabricantes de equipos, los de software y las compañías discográficas o quien las sustituya) eleven un formato de música digital de calidad a la categoría de estándar. Al fin y al cabo el formato no lo elegimos los consumidores sino ellos, nosotros simplemente lo adoptamos igual que en su día sucedió con el cd (pcm audio) o el mp3. Por ese motivo nuestros reproductores portátiles, teléfonos móviles, software de reproducción, equipos de alta fidelidad, etc. tienen que venir de fábrica con soporte para ese nuevo formato estandarizado, lamentablemente no puede ser una elección de cada usuario porque en ese caso puede llegar a costar muchísimo reeducar al público acostumbrado al audio de calidad Lo-Fi.

Al margen del futuro de la industria musical, hablando en un plano digamos personal: ¿y ahora qué? Pues, no sé. Dentro de poco me mudaré a una nueva casa, este año he estado viajando más que nunca en mi vida, he dejado de tomar clases de guitarra y mis visitas al gimnasio son bastante irregulares (por decirlo suavemente), ese desagradable kilo y medio extra se ha instalado en mi cuerpo y no parece que quiera marcharse, continúo comprando muchos discos, ayer me perdí un concierto de Alondra Bentley por un error en el horario publicado en el Youthing pero, en cambio, llegué a tiempo al Auditori d'Alcudia y disfruté y me reí con la obra Pagagnini de Yllana Teatre y Ara Malikian, aunque si se me hubiera concedido un deseo habría pedido que me cambiaran al resto del público (como en las películas americanas de juicios y jurados). Además, el miércoles próximo con suerte no me perderé la segunda visita a la isla de The Wave Pictures y siento un mono tremendo de fotografiar conciertos y también me gustaría publicar esas fotos de nuevo aquí en el blog. Y bueno, la verdad es que desearía borrar de mi facebook a algunas personas con incontinencia egoinformativa y baja relación S/R... ¿y ahora qué? Ya veremos.