Ron Sexsmith presenta Exit Strategy of the Soul en Mallorca

Martes 9 diciembre 2008

Mientras otros se reconciliaban con ciertas técnicas vocales, nosotros nos íbamos amodorrando de rato en rato. Puede que la culpa fuera de la oscuridad de la sala o de los asientos de una comodidad dudosa; también puede que influyera el hecho de que estábamos lejos de la acción, en lo alto del gallinero, o debido a la tristemente habitual iluminación de subsistencia que hace que la realidad te parezca como vista a través de la pantalla de un móvil chungo.

La sala estaba llena hasta la bandera del público sentado en las gradas y el protagonista y su acompañante allá abajo, a peu plà. Nada, ni en la publicidad ni a la entrada del local, me alertó de que se desaprovecharía una sala como el Teatre de Lloseta, el lugar ideal para un concierto con el público de pie, convirtiéndolo en un teatro de patio de butacas que en este caso es su formato peor diseñado y menos aprovechable y, lo que es peor, una sala que en esta configuración es superada con holgura por otros espacios como el Teatre Principal, el Teatre Xesc Forteza de Palma o el Auditori de Porreres, sin ir más lejos. Me sentí tan desplazado e incómodo que me volví a Palma sin haber desenfundado la cámara; Dani y Markus si cubrieron el evento.

¿Ron Sexsmith? Un buen músico capaz de escribir grandes canciones utilizando el catálogo completo de acordes al que, si acaso, le falta encontrar la fórmula de los estribillos perfectos; un tipo simpático que brindó el último concierto de su gira en Mallorca con su electroácustica y el piano del teatro y con la única compañía de otro tipo callado que tocaba (muy bien) el contrabajo eléctrico. Por cierto, en más de un tema el parecido con Elvis Costello era claramente evidente (más allá de una determinada forma de entonar).

El año 2008 -especialmente el último trimestre- pasará a la historia de la escena musical mallorquina como el del auge del negocio del promotor de conciertos. Un buena noticia, sino fuera porque de un tiempo a esta parte la gente se queda a las puertas de los teatros y salas de conciertos compuestos y sin entrada.