Cada domingo compro El País; desde hace mucho colecciono su suplemento dominical y habitualmente disfruto de su lectura, unas veces compulsiva, otras dosificada a lo largo de la semana. Pero de unos años acá, cuando las aguas políticas bajan revueltas, la filosofía del semanario se distorsiona y se crispa, y algunos columnistas empiezan a hablar repetidamente sobre lo mismo, cada vez más extremistas y radicales en sus planteamientos y argumentos. Ya le pasó a Maruja Torres durante la antesala de las últimas elecciones generales, hasta el punto que dejé de leerla (y todavía no he vuelto a hacerlo). Ahora parece que Juan Cueto ha cogido el relevo, ha bajado a la arena a pelear con los leones y se ha despachado a gusto en el artículo de esta semana, titulado Los ciberfachas. Y, claro, ha vuelto embrutecido.
Ya el título pone de manifiesto por donde irán los tiros: ¿Por qué no lo ha titulado, por ejemplo, Los ciberextremistas? ¿O es que acaso no existe una extrema-izquierda, además de una extrema-derecha y de otras extrema-tendencias diversas? Aunque, pensándolo bien, ¿qué más da el título cuando todo el texto es en sí mismo un panfleto absurdo y grotesco?
En él se lamenta de que la progresía española, como él la denomina, ha renunciado a utilizar Internet como plataforma de opinión y que, en su lugar, unos modernísimos retrógadros, tecno-ciber-fachas armados con innumerables gadgets electrónicos, campan a sus anchas por la red diseminando basura ideológica. Además, ésto sólo sucede en España, en el resto de países occidentales se disfruta de una progresía ilustrada que hace uso de estas tecnologías para crear, y cito textualmente, el “ciberground, los blogs o videobitácoras independientes, el periodismo sin empresarios, el avant-pop y el pos-pop”. En definitiva, Juan Cueto se debe creer que todos somos imbéciles.
Ya es hora que dejemos de utilizar algunos viejos tópicos:
- Progresía no es sinónimo de izquierdas, igual que tampoco lo es la ecología.
- Todo lo extranjero no tiene porqué necesariamente ser mejor que lo autóctono.
Y ya que parece que Cueto tiene problemas para encontrar ejemplos de este tipo de ciberperiodismo en el bando de la izquierda, le diré que yo no suelo leer El Plural, cuyo nombre es una auténtica antonimia que debería avergonzarles, así como tampoco Libertad Digital; ambos me parecen no sólo diametralmente opuestos sino también igualmente equidistantes de la verdad, es decir, poco objetivos y extremadamente tendenciosos.