Teorías políticas naïf
Miércoles 24 Enero 2007Desde hace años pienso, y digo a quien quiera escucharme, que el programa electoral de un partido político que se presenta a unas elecciones debería considerarse, especialmente en caso de tener responsabilidades de gobierno, como un documento contractual entre el partido y los ciudadanos. Incumplirlo debería tener serias repercusiones, por tanto. Hasta incluso la rescisión del mismo.
Más recientemente se me ha ocurrido otra idea peregrina. Consiste en comparar la acción del político, sobre todo lo que dice durante la campaña electoral, con las campañas publicitarias que llevan a cabo las empresas en su afán por vendernos sus productos o servicios. Al fin y al cabo, eso es lo que intentan ellos: colocarnos su producto. Por supuesto, el aspecto práctico primordial de esta comparación es que entonces el político debería estar sujeto a similares leyes. En particular, y al contrario de lo que sucede ahora, mentir o prometer lo irrealizable podrían ser considerados casos de publicidad engañosa. Se les debería forzar a retirar su publicidad engañosa de inmediato y a indemnizar a los ciudadanos.
En cualquier caso, una de mis más antiguas ideas sobre estos asuntos es que el problema de los sistemas políticos, de todos, es en esencia un caso de escalabilidad (acepto considerarlo una deformación profesional de informático). Todos en pequeña escala parecen buenos, funcionan en la teoría, pero fallan irremediablemente al aplicarlos a estructuras de mayor dimensión. Por ejemplo, recuerdo haber leído hace años sobre una experiencia de gobierno municipal en Brasil basado en asambleas populares. Decían que funcionaba. No he vuelto a oír hablar sobre ello pero ¿seguro que serviría igual para gobernar un país?






