Gracias a los medios de comunicación estamos al corriente de que ciertos corredores de primera línea de ciertos equipos ciclistas no podrán tomar parte en la próxima edición del Tour de Francia. O bien hace tiempo que no escribo sobre algún tema contradictorio y echo de menos la marcha, o bien, al contrario de la opinión de popiboy, me gusta recibir críticas ¿quién sabe? Pero el caso es que estoy a favor del dopaje en el deporte o, lo que es lo mismo, en contra de la hipocresía en el deporte (y en la prensa y en la política y en la sociedad y en…).
Lo siento señores. Para mí no tiene sentido esta persecución y demonización de los deportistas, que probablemente se ven abocados -si no obligados- a tomar parte en este juego, cuando los organizadores y los medios de comunicación y el público en general lo que pide es espectáculo y récords. ¿O acaso el hombre no ha intentado siempre superarse por todos los medios -físicos, químicos y espirituales- a su alcance? ¿O es que lo de ahora es dopaje y lo de antes era sólo deportividad en estado puro, espíritu de sacrificio y superación? ¡Por favor, no me hagan reir!
Si ciertas prácticas son peligrosas, si se pueden considerar un delito contra la salud pública, la forma de actuar es denunciarlo ante los tribunales. Pero en este caso, ¿a quién denunciar? ¿quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos: los ciclistas, los equipos, los organizadores, los patrocinadores, el público…? Y qué me dicen de las razias a media noche para obtener fluidos, con literal nocturnidad y alevosía, ¿no son un comportamiento inhumano y vejatorio?
Si yo dirigiera un equipo ciclista tengo claro lo que haría: hablar con los demás directores de equipo y convencerles de dar plantón al Tour, al Giro y a la madre que los parió. No money, no honey!