El segundo disco

El segundo disco, sobre todo cuando el primero fue un éxito o sencillamente resultó un buen disco de debut, es siempre un ejercicio en la cuerda floja para estar a la altura de su predecesor y al mismo tiempo aportar ideas nuevas, dejando claro que el artista o la banda no son flor de un día. Es difícil -además- obtener la unanimidad de fans y crítica sobre estos asuntos, y el tiempo que ha mediado desde la anterior entrega -y más si éste supera los 12 meses- se convierte en un argumento de peso para las opiniones de todo signo. Es lo malo de las expectativas, que son personales e intransferibles.

Dos segundos discos recientes que he comprado y que no han estado a la altura de lo que esperaba son: 10 milles per veure una bona armadura de Manel y Adventures de The Marzipan Man. Entendámonos, no digo que no sean buenos discos, solamente que en mi opinión los primeros fueron claramente superiores. Otra secuela fallida que me viene ahora a la memoria es el de otros ilustres mallorquines, Vacabou, que con su segundo disco titulado Twelve songs inside no alcanzaron la gloria que su debut prometía presagiar. Y ya que hablamos de mallorquines, y aunque no venga a cuento con esto de los segundos discos, debo reconocer que tras dos intentonas me ha resultado imposible pasar de la tercera canción del Lamparetes de Antònia Font, cierto es que se trata de un grupo que nunca me ha enganchado.

Volviendo a la cuestión de los segundos discos, y para no cansar con listas tan interminables como incompletas, nada más apuntaré dos ejemplos lejanos ya en el tiempo que consiguieron superar con creces cualquier expectativa:

Easy Pieces de Lloyd Cole & The Commotions (1985)

Surfer Rosa de The Pixies (1988)

Y si a alguien le apetece comenzar un meme sobre segundos discos buenos y malos, adelante.

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