¿Y ahora qué?

No sé. Estoy harto de la pobre señal/ruido de twitter y asimilados, verdadero verdugo de no pocos blogs: lo llaman microbloging pero a mí me parece más real y adecuado denominarlos fastblogging (expresado con la misma intención que la que usaría para el término fastfood).

Si hablamos de música y músicos, de industria discográfica, de alta fidelidad y de nosotros mismos los consumidores, como hacía en el tan lejano marzo de 2008 (aquí y aquí), la pregunta ¿y ahora qué? va del fin de una época, significa que el disco compacto (el dvd no cuenta) es y será el último soporte físico para la música que conoceremos. Adiós. Y lo peor no será dejar de comprar un producto tangible, algo que podíamos coleccionar y sobre el que podíamos escribir una nota que ataría para siempre algún recuerdo o una persona a esa obra y a ese momento, no, lo peor es que ahora quizá no nos quede otra opción que acostumbrarnos a una experiencia musical incompleta, mermada, como de juguete… hemos vuelto a la radio de onda media, ahora que conocíamos la frecuencia modulada, nos hemos dejado engañar (de nuevo) y supuestamente disfrutamos de la música que escuchamos, una música enlatada de inferior calidad a la de la década anterior. ¿Evolución? No, sinceramente no lo creo.

Bien, ya hemos desalojado nuestras estanterías de los pesados vinilos y compact discs, escuchamos exclusivamente música digital que por supuesto no adquirimos salvo casos de fierza mayor, la descargamos con esa falsa media sonrisa igual de gratuita que la música que hemos bajado y la reproducimos en un reproductor portátil que no cuesta más de 200 € o en el computador o la pasamos a un cd o dvd regrabable y lo ponemos en la bandeja de un reproductor en el que hemos invertido poco más de lo que nos costó nuestro flamante walkman digital. Sobre el resto del equipo de audio mejor ni hablar al igual que sobre las condiciones acústicas de la sala (¿qué es eso?). La sonrisa nos sienta bien en la cara de tonto que se nos ha quedado: ahora ya nos conformamos con un mp3 cutre (¡pero gratis!) codificado a 160 ó 192 kbps qué-suena-de-muerte, ¿y de verdad te gusta la música?

A pesar de todo estamos de enhorabuena porque ahora tenemos Spotify, que desde luego como emisora de radio a la carta para los tiempos que corren está más que bien pero que no deja de ser música enlatada de calidad paupérrima. Y nosotros felices: lo que no se escucha no existe. Y menos mal (esta vez sin ironía) que también existe Bandcamp, una plataforma de publicación de música con opción para formatos de audio digital de calidad orientada a músicos.

Yo reivindico que se destierre ya el formato mp3 y cualquier otro tipo de codificación con pérdida, que la industria (los fabricantes de equipos, los de software y las compañías discográficas o quien las sustituya) eleven un formato de música digital de calidad a la categoría de estándar. Al fin y al cabo el formato no lo elegimos los consumidores sino ellos, nosotros simplemente lo adoptamos igual que en su día sucedió con el cd (pcm audio) o el mp3. Por ese motivo nuestros reproductores portátiles, teléfonos móviles, software de reproducción, equipos de alta fidelidad, etc. tienen que venir de fábrica con soporte para ese nuevo formato estandarizado, lamentablemente no puede ser una elección de cada usuario porque en ese caso puede llegar a costar muchísimo reeducar al público acostumbrado al audio de calidad Lo-Fi.

Al margen del futuro de la industria musical, hablando en un plano digamos personal: ¿y ahora qué? Pues, no sé. Dentro de poco me mudaré a una nueva casa, este año he estado viajando más que nunca en mi vida, he dejado de tomar clases de guitarra y mis visitas al gimnasio son bastante irregulares (por decirlo suavemente), ese desagradable kilo y medio extra se ha instalado en mi cuerpo y no parece que quiera marcharse, continúo comprando muchos discos, ayer me perdí un concierto de Alondra Bentley por un error en el horario publicado en el Youthing pero, en cambio, llegué a tiempo al Auditori d’Alcudia y disfruté y me reí con la obra Pagagnini de Yllana Teatre y Ara Malikian, aunque si se me hubiera concedido un deseo habría pedido que me cambiaran al resto del público (como en las películas americanas de juicios y jurados). Además, el miércoles próximo con suerte no me perderé la segunda visita a la isla de The Wave Pictures y siento un mono tremendo de fotografiar conciertos y también me gustaría publicar esas fotos de nuevo aquí en el blog. Y bueno, la verdad es que desearía borrar de mi facebook a algunas personas con incontinencia egoinformativa y baja relación S/R… ¿y ahora qué? Ya veremos.

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Un comentario a “¿Y ahora qué?”

  1. joan Says:

    lo de borrar a los pesados del facebook la verdad es que es una tentación muy fuerte!
    oye, y se agradece que vuelvas al formato LP, aunque sea más espaciadamente :-)

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