Mi cumpleaños gitano y La Casa Azul

Hoy concluyen las celebraciones de lo que ha sido mi cumpleaños gitano. Varios días ininterrumpidos de asueto que no de ociosidad, desde el viernes pasado hasta hoy lunes; como unas minivacaciones; al estilo de las bodas gitanas -la ocurrencia del nombre es de una gran amiga, muchas gracias-.

Esta vez la sensación que me ha quedado es la de haber conseguido exprimir el tiempo casi al máximo, cosa bien rara en mí, por cierto. Hubo tiempo para hacer gestiones, unas irrenunciables y otras largamente postergadas, para ir de compras y para comer en un japonés estupendo, el Arume, acompañado por unos buenos amigos; para hacer más compras, volver a casa y tomar una duchita reparadora antes de arreglarse rápidamente para salir y empezar la noche disfrutando de una cena especial en Koldo Royo -perderse el menú degustación actual es casi un pecado de lesa gastronomía-, y continuarla más tarde, después de haber practicado el difícil arte de ignorar al maleducado y molesto vecino, enfrentándose valientemente al intenso frío para acercarse al club más chic y -a la vez- natural de nuestra ciudad y tomarse unas copas mientras bailábamos los ritmos que Nacho pinchaba con maestría -el viernes estuvo especialmente acertado- en el Garito Café.

Al día siguiente, yo amanecí feliz pero no así mi estómago ni mi cabeza, los cuales se empeñaron dolorosamente en recordarme que había sumado un año más a mi cuenta. Sólo los atentos cuidados que me dispensaron pudieron recuperarme para la vida. Punto de inflexión. A partir de ese momento mi estado físico fue paulatinamente a mejor. Una suerte, porque después de un sano y frugal almuerzo de convaleciente que horas más tarde me haría sufrir un hambre canina, cogíamos un avión rumbo a Barcelona con el objetivo de acudir al concierto de La Casa Azul en la Sala Apolo. En el autobús que nos llevaba a la ciudad coincidimos con Mario (Xocolat) que por cierto también había venido para ver este concierto.

La 2 de la Apolo es un espacio maravilloso por muchas razones: su bonito estilo retro de clásica sala de fiestas del Paralelo, su excelente acústica y despejada visibilidad del escenario desde casi cualquier punto del local, su aforo -unas mil personas, ni pocas ni demasiadas-, la profesionalidad del equipo técnico (sonido e iluminación) y una organización que a mí me sorprendió por su eficiencia.

El concierto de La Casa Azul fue simplemente perfecto. La sala se llenó hasta la bandera y sin embargo no llegamos a sentirnos demasiado incómodos por la gente, aunque por momentos el calor llegó a ser bastante sofocante y un yo forzosamente abstemio se tuvo que conformar con beber agua toda la noche. Guille Milkyway, simpático y locuaz, no defraudó a sus entregados fans y además de tocar todo el nuevo disco -que por cierto gana con cada escucha, y eso a pesar de que al principio lo encontraba demasiado barroco y excesivo en los arreglos pero que ahora me parece prácticamente perfecto-, no se olvidó de regalarnos uno a uno los grandes éxitos de siempre (Cerca de Shibuya, Galletas, Chicle Cosmos, Como un fan, Hoy me has dicho hola por primera vez, En noches como la de hoy, Vamos a volar, El sol no brillará ya nunca más, C’est fini, Prefiero bailar, Superguay…). Durante las dos horas largas que duró el concierto que se abría con la sensacional La revolución sexual y terminaría con una desnuda versión al piano y voz de Como un fan, el público prácticamente no dejó de corear cada canción.

En Mallorca no estamos acostumbrados a vivir este tipo de conciertos donde prácticamente la totalidad del público son -somos- fans sin complejos y con ganas de fiesta y muchos de ellos quizás amigos o conocidos; se produce una conexión tan fuerte entre público y artista que ambos se convierten en protagonistas simultáneos.

No por ser La Casa Azul un grupo de una sola persona dejó Milkyway de estar acompañado sobre el escenario pues, como ya había anunciado en algunos medios, se presentó con un espectacular sistema de audiovisuales formado por 5 pantallas que, situadas a su espalda, proyectaban cada una de ellas la imagen a tamaño natural de los virtuales componentes del grupo: Óscar, Sergio, David, Clara y Virginia, mientras él alternaba la guitarra eléctrica con los teclados según el tema de que se tratase. Cuando las pantallas no eran ocupadas por las robóticas imágenes de los músicos, unos montajes visuales ciertamente originales y muy logrados ocupaban su lugar, a veces incluso mostrando las letras al estilo de un karaoke pop cibernético.

Me gustó especialmente que no todas las canciones fuera interpretadas sobre las bases (si es que en el caso de un concierto de LCA se pueden llamar así ya que suponen casi el todo) y que Milkyway eligiera combinar éstos temas, completos con todos los arreglos marca de la casa, con otros tocados al piano eléctrico y reducidos a lo básico. Una anécdota divertida tuvo lugar cuando Guille cortó a la mitad una canción para comentar que le daba vergüenza la rima que acababa de cantar porque no le parecía bien que fuera asonante; ofreció una palabra alternativa y nos pidió que desde ese momento, siempre que oyéramos esa canción escucháramos esa palabra en lugar de la original.

Acabada la función seguimos el consejo del amigo Tomeu y nos dirigimos al restaurante-tortillería Flash-Flash, un curioso local inaugurado en la década de los 70 del siglo pasado y que hoy sigue mostrándose moderno pese a los camareros que, independientemente de su edad real, asemejan ser los mismos con los que se abrió el local. No sé si sería casualidad pero estuvimos sentados junto a una pareja que parecían Laura y su amante y paciente novio.

Dedicamos la mañana siguiente a callejear por una bulliciosa Ciutat Vella de Barcelona, visitando mercadillos y sorteando multitudes hasta la hora de comer. Inconscientemente nos dejamos timar en el Restaurante Mirador del Palau de la Música, donde almorzamos solos y aceleradamente aunque no mal, y partimos con el tiempo justo hacia el aeropuerto para tomar el vuelo de regreso a Palma.

Y aquí se acaba este aniversario tan completo, escribiendo en el blog en un lunes que para mi es como un domingo.

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4 Comentarios a “Mi cumpleaños gitano y La Casa Azul”

  1. Renko Says:

    Hombreeeeeee! Muchísimas felicidades para usted :-) De verdad, qué envidia celebrar un cumpleaños así… Por cierto, ¿fan de LCA? Jamás lo hubiera dicho, vaya :PPP

    PD: ¿cuál esa palabra alternativa, la original y la canción que comentas? Digo yo, que ya que lo cuentas, pues cuéntalo entero, no? Un abrazo!!!

  2. Laamigaquecantasms Says:

    Hola gran amigo! Me encanta decirlo así, porque es cierto y porque gracias a ti he descubierto que un color no marca ni tendencia ni, mucho menos, significado porque véase hoy: uno piensa “me cae un marrón” y, claro, mal…pues no…a mi me han traído un montón de marrones esta mañana y por eso de ti me ha llegado lo más dulce del día
    Las felicidades que te canté por sms se añaden a las de ahora (y las que nos quedan)

    Muchos besos de tu amiga del gitaneo

  3. julio Says:

    Renko, ¡gracias, gracias! Y sí, debo admitir que sí soy fan de LCA y hasta llevo una chapa de “Chicle Cosmos” ;) y créeme si te digo que miré todas las letras de los discos de LCA buscando la canción y la frase… pero no fui capaz de encontrarla, ¡que hi farem!

    Y muchas gracias también a ti, gran amiga que felicitas cantando por sms y que acompañas a ver conciertos, a cenar, a hablar, a bailar… hoy también hay algo para ti.

  4. laamigaquenosabe Says:

    había algo para mí? y yo repartiendo red mullets! era así en plan intangible (que ya me va bien eh, a ver si ahora me borrará de la lista de personas a las que regalar intangibilidades)(ponme otra vez si ya me habías borrado) o era con lazo?
    Bueno, como yo sí tengo algo tangible, pendiente, y con lazo y nos veremos, ya me lo contarás! besos!

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