Ayer jueves estuve en el Centre Cultural Sa Nostra con motivo del concierto inaugural del Waiting for Waits 2006 edición veraniega. Tocaba un cantautor sueco, Christian Kjellvander, y abría el concierto Aroah. Desoyendo la recomendación del Sr. X aka Amic, no renunciaré a opinar sobre este -o cualquier otro- tema que me parezca interesante.
Sinceramente, la actuación de Kjellvander me aburrió. No se confundan: toca y canta bien, y sus canciones y letras valen la pena pero, a pesar de algún momento realmente brillante, en conjunto su música me pareció fría, evocadora de paisajes gélidos y desiertos; un contraste demasiado acusado con el calor veraniego de nuestra querida sunny Majorca. Sueco por sueco, me quedo con Jens Lekman. A pesar de todo, por recomendación de Tomeu, compré su primer disco: songs from a two-room chapel; y por decisión propia también el último: Faya.
Lo de Irene Tremblay, aka Aroah, fue otra cosa bien distinta. Subió al escenario con un vestido rojo y nos hizo pasar pena (sufrir) a todos. No por el vestido, sino porque debía hacer años -su último disco The last laugh es del 2003- que no cogía la guitarra y tocaba sus canciones. Equivocaciones continuas, nerviosismo, divagaciones habladas al más puro estilo de un guión de Isabel Coixet, nerviosismo, paciencia, determinación, persistencia, intentos infructuosos de hallar el camino, nerviosismo… frustración consigo misma, shit!. Si no recuerdo mal, por tres veces lo intentó con la sublime Katherine says sin conseguirlo. Aún con todo, yo se lo perdono, porque no se dió por vencida y aguantó hasta el final. Ya tenía su primer trabajo largo No podemos ser amigos -que me encanta- y al finalizar el concierto, como no podía ser de otro modo, me hice con su último larga duración. Irene, por favor, ¿por qué no actualizas ese incipiente blog?
Desde aquí un saludo para la simpática chica que compartió concierto y conversación conmigo, y a la que olvidé preguntar el nombre. Un error imperdonable.