El periodismo está en decadencia
Recuerdo las películas americanas de periodistas de hace años, aquellas en blanco y negro en las que siempre se decía que la obligación del periodista era informar, es decir, contar la realidad objetivamente; eso y contrastar la veracidad de las noticias. Después, según parece, se puso de moda el color, no, no en el cine sino en la prensa: amarilla, rosa, negra… y todavía continúa.
Resulta deprimente comprobar como ya no existe este periodismo primigenio y verdadero, al menos en España. Confieso que no suelo escuchar la radio, pero tanto la prensa escrita como sobre todo la televisión han llegado a un punto sencillamente insoportable. Un medio puede tener una determinada orientación política, religiosa, social o lo que sea; y, además de prestar un teórico servicio social está claro que se trata de empresas cuya lícita finalidad es el enriquecimiento, pero de ahí a convertirse en panfletos tendenciosos, regidos por un único interés: el poder (siempre primo-hermano del dinero), media un mundo. Empresas para las que nada es digno de respeto y cuya única actividad consiste en conseguir compulsivamente pedazos de actualidad, triturarlos, machacarlos, exprimirlos, licuarlos, mezclarlos con publicidad (eso que no falte) para, seguidamente y sin digerir, vomitárnos el resultado en la cara. Noticias de usar y tirar porque no buscan informar sino mantenernos informados, constantemente.
Por eso las noticias se repiten y amplifican hasta bien pasado el límite del interés periodístico y cuando dejan de ser novedad y por consiguiente de tener valor económico, simplemente se olvidan y desaparecen como por ensalmo. Cuantos y cuantos temas objeto de grandilocuentes titulares durante días, que despertaron airadas reacciones y torrentes de comentarios, que resultaban de una importancia tan crucial como para convertirse en auténticas cruzadas contra enemigos, las más de las veces imaginarios, terminaron de repente un buen día sin saber muy bien por qué o cómo.
Lo curioso en estos casos es que, en mi opinión, algunos asuntos se mantienen en el candelero infinitamente más de lo que su importancia impone, mientras que otros ni tan siquiera son dignos de una breve nota al pie cuando debieran ser titulares de primera página. Por supuesto, el ejemplo más sangrante de mercantilismo informativo lo constituyen el hambre, la enfermedad, las desgracias naturales y, sobre todo, las guerras en los países subdesarrollados de África, Asia o Sudamérica. Tan pronto aparecen en primer plano y tenemos que convivir con la hipocresía de presentadores televisivos y políticos, como rápidamente se ocultan de la opinión pública una vez agotada su supuesta y reciente actualidad. Para mi lo más deprimente es comprobar como estas exnoticias, en virtud de que el hecho que las originó continúa vigente (la guerra no se ha acabado, la hambruna se agrava, la enfermedad tiene cura pero los enfermos no reciben medicamentos, esa gentuza sigue al frente de países con regímenes corruptos y dictatoriales…), no son tales ex- sino que nuestros periodistas las tienen siempre a mano y cuando les conviene, las resucitan y vuelta a empezar.
Otro de los aspectos del periodismo actual que más me repelen es la absoluta falta de independencia y objetividad.
Las ideas y tendencias políticas de un medio no deben modelar las noticias, como si éstas estuvieran hechas de plastilina, para convertirlas en algo más del agrado del periodista, del medio en el que escribe, del grupo empresarial al que sirve o del partido político al que éste apoya. Para expresar las ideas y los ideales ya están las editoriales y las columnas de opinión. Las noticias: objetivas, ciertas y plurales por favor.
Si ya es malo no poder ejercer el derecho a informarse libremente sin que te incluyan en el menú los ideales y opiniones de otros, resulta todavía peor no darse cuenta de estos descarados intentos de manipulación. Seguramente ya estamos tan acostumbrados a tragar sin masticar que ni nos enteramos; o eso, o la sociedad y los individuos que la formamos somos más hipócritas de lo que parece. Información única = Pensamiento único. Pan y circo, que se decía.
Todo esto o más bien por todo esto, me resulta mucho más repulsivo este comportamiento en medios de comunicación, sectores o personas supuestamente progresistas y de izquierdas (dos términos por cierto que actualmente se me antojan antónimos, al igual que los de ecologista y de izquierdas).
Por último, también es descorazonador comprobar la falta de profesionalidad de muchos de los llamados periodistas. El lenguaje, que es su herramienta básica y medio natural, es sistemáticamente maltratado y no sólo de forma pasiva. No es comprensible ni aceptable tal cantidad de faltas de ortografía, de términos y palabras mal empleadas, de construcciones gramaticales incorrectas. Tampoco es de recibo la pobreza de vocabulario, el desconocimiento del tema que tratan y la falta de cultura general que exhiben.
En mi opinión, la falta de profesionalidad es más evidente en la prensa escrita de ámbito local o provincial: El escenario en Baleares es ciertamente desolador; pero el exponente máximo de este periodismo basura lo encontramos en esos periódicos gratuitos que se reparten en la calle. Aunque los noticieros de la televisión no les van muy a la zaga.
Tristemente, la decadencia alcanza tanto al contenido como a la forma.
Y por fin llego al punto que originó estas reflexiones: ¿Dónde y cómo se puede uno informar en estos tiempos que corren?
Y he aquí la respuesta tan fácil como falsa que he podido leer en ciertos círculos: Los blogs son el nuevo periodismo.
Lo siento, pero esto no es cierto o por lo menos no es exacto. Es verdad que algunos pueden informar sobre temas generalmente muy concretos, sobre los que sus autores poseen un conocimiento profundo, pero la gran mayoría de los blogs no son más que columnas de opinión. Aunque gracias a su idiosincrasia resulten ser el mejor y más libre speakers corner planetario. También es verdad que muchos de sus autores escriben estupendamente bien. Pero para ser un verdadero medio de información hay que tener acceso directo a las noticias, y si puede ser de primera mano mucho mejor. No me parece suficiente con estar dotado de inteligencia y una mente clara, escribir bien y disponer de una tribuna desde la que comunicar. Eso por no hablar del periodismo de investigación, que se me antoja imposible tras la cómoda tranquilidad de una pantalla y un acceso a Internet.
Lo que quizá pueda parecerse más a un medio al uso son esos blogs colaborativos donde varias personas escriben sobre distintas áreas de la actualidad local, nacional o mundial. Pero no sé yo si son algo más que una colección de columnas de opinión juntas bajo un mismo nombre, un refrito de noticias de otros, o un medio de comunicación real con forma de blog. El problema es, justamente, que muchos de los medios tradicionales se parecen cada vez más a un blog, por el carácter tan personal de sus textos: En Baleares, sin ir más lejos, el diario Ultima Hora y su hermano menor el Diari de Balears. ¡Vaya una ironía! Lo que para unos es virtud para otros puede ser vicio.
En definitiva, si alguien conoce algún buen blog informativo sobre actualidad local (de Palma), insular (de Mallorca), provincial (de las Islas Baleares), nacional (de España) o internacional (resto del planeta en general), por favor, ¡que lo diga! También se admiten sugerencias sobre periódicos que no dé vergüenza leer (mejor si es electrónico).
Viernes 2 Septiembre 2005 at 17:40
Lo más penoso de todo esto es, sin lugar a dudas, que si tú quieres mantenerte informado de algo que ha pasado de moda, ¡te jorobas! porque no encuentras ningún sitio donde hablen de ello.
Eso sí, de OT, GH, GHV,… todo lo que quieras, lo desees o no.